Pablo entró
en mi despacho con esa cara de circunstancias que pone un alumno al que no le
ha ido bien el primer cuatrimestre. Sabía que no estaba citado con su
coordinador para celebrar ninguna fiesta. Cuando me disponía a hablar de sus calificaciones señaló titubeante el libro de Carlos Ruiz Zafón que estaba encima de mi mesa: El Palacio de la Medianoche.
Me dijo que
lo había leído, que estaba muy bien pero que de la trilogía el que más le había
gustado había sido El Príncipe de la Niebla. Me sorprendió positivamente porque ya había
hablado con él varias veces y no recordaba que fuera aficionado a la lectura.
Se lo comenté y me dijo que antes leía mucho, hasta 4º de la ESO, pero "ahora sólo
leo en verano”. Me dejó alucinado y le pregunté si sólo tomaba helado en verano.
Se rio. Prometí leerme también aquel libro para comentarlo con él. Luego la
conversación siguió por otros derroteros menos literarios.
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